domingo, 15 de abril de 2012

Episodio II - Lov




Su cara de sorpresa denotaba que a pesar que estaba mirando por la ventana no percibió que el tren entraba y se paraba en la estación, aunque la dura niebla durante casi todo el camino no le habría dejado ver más allá de varios metros ...
El ruido de la gente moviendo las maletas le hizo volver a la realidad, busco la suya un segundo, quizás dos, no llevaba, ¿abrigo?¿anorak?¿chaqueta?...  Del vagón habían salido las 3 personas que lo ocupaban y tras ellos ningún rastro de maletas o ropa...
Salió del tren y al cabo de unos pocos minutos se encontraba en la calle, la niebla no había llegado o quizás ya había marchado de allí, el aire le hizo estremecerse, las nubes negras anunciaban lluvia muy cercana. Comenzó a caminar adentrándose en el parque y su mente volvió a la abstracción, sin darse cuenta que paseaba por un lugar ahora casi desconocido pero que hace tiempo era un motivo de vida para él. Un súbito chaparrón le volvió otra vez a la realidad...  pero esta no duró apenas un momento, los pensamientos volaron otra vez lejos, muy lejos... mientras el chaparrón amainaba en pocos segundos...


Todavía no tenía clara la sucesión de hechos, ese cuerpo... esa cara... la palidez de la piel le originaba una sensación de bienestar, sensación que le hacía sonreír mientras caminaba...
La lluvia volvió a apretar, lejana a las sensaciones que le llegaban...
Cuando al fin la luna parecía salir, Lov estaba entrando en la ciudad por la puerta sur del parque, fue en ese momento cuando todo se hizo real. Paró delante de una tienda ya cerrada, y observó su reflejo en el cristal, las luces de las farolas le enseñaron unos labios ennegrecidos...  Están amoratados -pensó- ¿pero cuanto tiempo llevo andando? una hora quizás...
Se miró la ropa empapada y se sintió incomodo, tenía una sensación extraña, hambre y ansiedad la definían, y le molestaban más que la ropa mojada, miró al cielo, la luna se adivinaba grande y arrogante detrás de las nubes...
- Hola!!! Hola!!! Su voz sonó metálica, pero no le pareció extraña, de repente volvió a sonreír, un  flash de Mor le había vuelto a llegar... su palidez le volvía a a llenar... volvió a sonreír y se estremeció.
Las calles de la ciudad aparecían brillantes, salpicado el suelo de reflejos de la luna y de las farolas, comenzó a caminar, lentamente, dando vueltas sin rumbo fijo, haciendo tiempo no sabía muy bien para qué, en ese momento al final de la calle ancha y vacía por la que transitaba le pareció verla, corría como el  viento, sí, era ella, seguro, y empezó a correr mientras gritaba Mor!!...  Mor!!... soy yo!!!! Mor!!... mientras aullaba Moooooooooooooor!!!!

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