Himar y Mor habían salido de casa ya hacía un rato y paseaban juntas por las húmedas calles, había llovido a ratos durante toda la noche y el cielo gris de la mañana no indicaba un cambio de tiempo radical.
Mor se había vestido igual que Himar, chándal ajustado al cuerpo, de lycra, en negro, se marcaban todas sus formas especialmente sus sinuosas caderas.
Desde que supo de Himar, cinco meses había hecho la semana pasada, ambas se habían hecho íntimas amigas, sus gustos coincidían y a pesar del poco tiempo que llevaban juntas se conocían como hermanas, horas y horas hablando habían hecho el milagro.
Himar la vio en uno de los primeros episodios de crisis (así los mencionaba al principio Mor) y supo que era una de las suyas. Himar siempre pensó que el don que tenía ella lo debían tener más personas y siempre se dijo que con paciencia encontraría alguna, le había llevado varios años, pero el día que vio a Mor caída en el suelo y desorientada supo que había encontrado a alguien como ella. La siguió durante días, hasta que vio como se repetía el episodio, no dudó entonces y se acercó a ella:
- Soy Himar y soy como tú…
- Te he visto otras noches por aquí… ¿qué quieres decir con que eres como yo?
- Yo también viajo…
- ¿Viajas?¿Dónde? No entiendo qué quieres decir…
- Sé lo que te pasa cuando te desplomas…
- Y… no entiendo donde quieres ir con este comentario…
- Hace años yo también perdía el conocimiento y después marchaba del lugar sin hablar con nadie, andando o corriendo… ¿te acuerdas de algo al despertar?
- Sí. .. me… acuerdo… Dijo Mor.
Himar le explicó sus primeros episodios y como siempre recordaba todo hasta que un día, al despertarse no recordó nada, ese día marcó la inflexión, a partir de entonces empezó a controlar las incidencias, anticipándose a su llegada y recepcionándolas absolutamente preparada.
- Himar, no recuerdo nada de anoche, ¿será mi punto de inflexión?
- Puede… No conozco a nadie más en nuestra situación… Solo yo.
- ¡Ojala! He dejado poco a poco de ir con amigos porque ya no sé como explicar que primero me caigo sin sentido y después me marcho sin decir nada, sola, sin girarme cuando me hablan. Todo el mundo piensa que estoy loca.
- No lo estás, ya lo sabes, y eso ya es importante…
- ¿El qué?
- Que sepas que no estás loca… Himar sonrió.
- Ayer le vi e incomprensiblemente no le dije nada… Pasó a mi lado y no le dije nada… de nada… - Dijo Mor cambiando otra vez de tema, algo que hacía a menudo en sus conversaciones, saltar de un tema a otro sin orden.
Himar le contestó agitando la cabeza, sin decir ni una palabra.
- No entiendo lo que me pasó pero me quedé callada como una tonta mientras pasaba a 2 metros de mí. Iba absorto en sus pensamientos, jamás pensó que me encontraría allí… supongo… No podía esperar a esta tarde y como sabía que llegaba en ese tren me acerqué al parque, sabía que pasaría por allí…
- Te había dicho que de pequeño vivía aquí y que marchó con dieciocho años, que se acordaba de buena parte de la ciudad y que podíais quedar en cualquier sitio, tú le dices que quedáis en la Plaza Central el domingo y sin embargo el sábado vas a buscarle…
- Ya sabes que soy especial con mis decisiones…
- No hace falta que lo digas…
Mor sonrió y prosiguió.
- Menos mal que no paró, que en nuestro primer encuentro hubiera tenido lugar una crisis habría hecho que todo fuera extraño…
- ¡No les llames crisis!
- Perdona… es que llamarlos tránsitos me parece tan .. tan…
- ¿Real?
Mor asintió con la cabeza
- Sí, real.
En ese momento empezó a ver una nube oscura… ¡Himar! ¡Viene una!
Himar le dio la mano derecha y estaba rozando la mano izquierda cuando vio la nube que había anunciado Mor, se agarró firmemente a su amiga y en un segundo se encontraron las dos estiradas sobre el suelo, el cielo no estaba gris, un edificio antiguo, una iglesia, les coronaba, podían ver las gárgolas.
Mor se levantó antes que nadie se acercará, había muy pocas personas en esa calle en ese momento, miró hacia atrás y vio una especie de escultura metálica con una llama encendida al final, coronas de flores secas en la base, miró a la gran puerta de madera situada enfrente de ellas, unos pocos escalones les separaban, sus ojos se giraron hacia las letras contiguas:
Oh Dios!! Se dijo, sin percibirse que había utilizado una expresión muy poco común en ella.
- ¡Mira Himar! ¿Sabes dónde estamos?
Himar solo acertó a decir.
- Jamás fui tan lejos…
CoNtInUaRá


No hay comentarios:
Publicar un comentario